martes, 21 de agosto de 2012
Primavera
No creo encontrar nada al abrir la puerta, es algo que sé como si lo viera escrito en los pomos, en cada astilla de madera que la forma.
No hay nada, pienso. Nunca hay nada y como mis pasos y mis manos me dicen que si, abro la puerta con el frío y el dolor en mis dedos.
Soy un poema triste que no sabe de donde han salido tantas penas, de si los vasos de la alacena llena de polvo o de los propios pasos que se han dado a ciegas. Buscando en las esquinas de los muebles algo que no se sabe que es, algo que se buscaba pero, que se olvidó su nombre.
Algo, algo, una palabra tan solitaria que hasta las letras se escapan de su susurro, de su entonación, de su nada.
Mis libros favoritos hablaban de mí, incluso cuando yo no me descubría abrazando fantasmas a las doce de la noche lejos de esta cama que no entiende de literatura, de palabras de amor, de cuadros sin paisajes. De cuadros en blanco y negro...
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